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Archive for the ‘Música’ Category

De vuelta a la carretera

In Música on 5 abril 2009 at 9:06 AM

Carretera, bosques y molinos de viento.

En un momento de orden y desorden que me llevó hace unos meses a desempolvar viejos discos, me topé con un misterioso CD. Evidentemente no tenía nombre (los discos no hay que bautizarlos, eso es para snobs, prefiero el ritaul de colocarlo en la bandeja, esperar unos 10 segundos y averiguar lo que es).

Para mi sorpresa, era un antiguo recopilatorio de singles de REO Speedwagon, ahora, unos alocados vejestorios que muy de vez en cuando nos sorprenden con alguna gira abriendo con ‘Ridin’ The Storm Out’ y cerrando con ‘Can’t Fight This Feeling’ (¿La mejor canción de amor del mundo? Sí. Mis disculpas a Barry Manilow).

Por suerte, pude REMEMORAR y RECORDAR cada palabra de la letra de una de ellas. Al leer su título vino de nuevo una silenciosa inquietud: lanzarse a la carretera y atravesar cruces de caminos, señales, industrias…campos. La metáfora de ‘Easy Rider’ pero llevada al paletismo de la geografía española.

‘Back On The Road Again’. Puede que sea uno de los mejores éxitos que llevarte a los viajes largos. Quizás sea una de mis canciones favoritas (seguramente por -otra vez- asociaciones molestas con episodios pasados, desencuentros frustrados y encuentros que deberían haberlo sido por el bien de uno). ¿Qué se le va hacer? Como cantan sus profetas: “De vuelta a la carretera”.

Soy de la clase de personas que ponen música a los paisajes. Es una prueba de cáracter, de orden y desorden, recordar qué música pertenece a cuál. ¿Un ejemplo?

REO from Reverendo Gore on Vimeo.

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Mis cinco canciones favoritas para un viernes por la tarde

In Música, mis cinco principales on 27 marzo 2009 at 6:02 PM

He pillado el mal vicio de hacer listas de cinco, quizá de diez, de cosas que son, y puedan ser importantes, de recordar. En realidad, no lo veo como un “mal vicio”, son de esas expresiones que usan los pesimistas para parecer más interesantes, o para hacer creer a los demás que lo que vayan a leer, escuchar o ver va a ser tan intensivo y deprimente que puedan sacar alguna lección moral sobre las múltiples chorradas que puedan, repito, PUEDAN, leerse, escucharse, verse o siquiera insinuarse en cualquier conversación.

Si algún especialista, da igual de la rama que sea (ciencia, medicina…-creo que ciencia incluye el segundo-, ornitología o urología…), intentara buscar una definición a lo que me atrevo a calificar de nuevo como un mal y reciente hábito, que espere. He considerado adelantarme antes de que le den un nombre ridículo, de esos con los que nos acaban machacando en la ficción televisiva. “El síndrome de Barry”. Es simple y va al meollo del asunto, por llamarlo de alguna manera. Gracias Nick.

Hablo sin parar. Y todo lo que digo me sale más o menos atropellado. Y lo que pienso no pasa de una simple enumeración. Ahora, a todas horas, tengo que pedirme a mi mismo (por manía, quizá para que no olvide nada) recordar listas que nunca he hecho. Primera lista: mis cinco canciones favoritas para un viernes por la tarde. Empiezo por el final.

Número 5. ‘Spanish Bombs’, de The Clash. También me valdría ‘Four Horsemen’, ‘Brand New Cadillac’ o cualquier otro de London Calling.

Número 4. ‘Carry On My Wayward Son’, de los fantásticos Kansas. No han hecho nada llamativo, salvo algún maxisingle de esos (palabras extrañas) y la gran ‘Dust In The Wind’. En fin, son buenos.

Número 3. ‘Tiny Dancer’, Elthon John. No tengo muy claro cómo llegó aquí. Pero suele ser una de mis “inamovibles”. Recomendable escucharla de camino a algo importante.

Número 2. Elvis Costello y su ‘I Can’t Stand Up For Falling Down’. Es mi preferida. Después de ‘She’ claro, por cuestiones evidentes que no interesa recordar.

Y en primer lugar. Me voy a dar el gustazo. ‘I Believe’, de Stevie Wonder. Auch.

Prefiero tomar la salida más fácil de las que se me plantean. No pienso escribir novelas. Tampoco contraportadas de discos.

Del rock, Bob Dylan y mejores tiempos

In Así va el mundo sin café, Música on 12 marzo 2009 at 6:21 PM
Blonde on Blonde sonaba bien en vinilo

Blonde on Blonde sonaba bien en vinilo

Hoy me había planteado ser un prepotente, presumir de gustos musicales cuando intentaba sintonizar una emisora “apropiada” para el viaje hacia la universidad. Soy de esas clase de personas que le ponen banda sonora a los paisajes. Pero una o dos vueltas a la frecuencia media, he sentido más pena que vergüenza. ¿Cómo hemos llegado a escuchar esas cosas? ¿Por qué tanta indiferencia a algo que compuso Jimi Hendrix en tiempos felices?

No hay presunción de inocencia en el conocimiento musical. No se es tanto culpable de olvidar una gran balada o un estupendo éxito del viejo blues, como de acusarlos de ser “carcas”, de otra época, de viejas glorias.

A uno le saltan los puntos cuando oye decir “conozco una o dos”, o “no me llama mucho la atención”, “no es mi estilo”, “no es BAILABLE”. El corazón te da un vuelco.

Intentan desmontar mitos propios, fantasías personales. ¿Qué quieren les diga? ¿Qué odio ver contonearse a las chicas de hoy a ritmos de insultos y bajas rimas? Quizá sea tan viejo. O quizás me parezca más atractivo ver a una mujer moviéndose por la habitación al ritmo de Creedence Clearwater Revival, pensando que nadie la observa mientras tú (con una sonrisa de lado a lado) te apoyas en el marco de la puerta. Puede que no haya nada más perfecto que esa imagen en mi cabeza. Algún mechón albino ya veo. Si se limitara al menos la modernidad a hacer daño sólo a mi ego musical…¿Quieres verme sufrir? Pues ponme un rap.

El techno, el house y demás música de metalurgia barata han contaminado algo tan bueno y clásico como el ambiente de un local. Ahora son jaurías de “niñas” y de malos machos los que se agolpan frente a las puertas, bombardean los bares y pervierten disc jockeys. Sólo en situaciones muy graves sería justificable sobrevivir a base de músicas atronadoras.

Janis Joplin, Led Zeppelin, Cream, The Carpenters, Eagles incluso. Escribían palabras con letra o letras con palabras, pero bastaban. Algo más que el “suma y sigue” moderno.

La música es cura, no sarna. Ha terminado por convertirse en un tratamiento de choque, de electroshock, y como suele suceder en los diagnósticos médicos post terapia, el paciente ha concluido asociando el fenómeno a un estímulo negativo.

El rock lleva muerto 31 años, mes arriba mes abajo. Puede que los viejos rockeros hayan cedido a canas, arrugas y antiguas bandanas, ¡pero siguen siendo rockeros maldita sea! Y sería una lástima olvidarlos.

Pensar que dentro de 20 años uno mirará los viejos números de Rolling Stone, con portadas en las que grupos prometían ser nuevas glorias disimulando estrías tras tanto tiempo. Los que nos quedamos en los 60, 70 o los estrambóticos ochenta, preguntaremos en alto, ¿alguien se acuerda de Bob Dylan? Más allá del mito, más allá de un compositor en horas bajas.

El “sexo, drogas y rock and roll” es un grito mudo. Los mujeriegos murieron por su detestable modo de vida, las drogas empezaron a ser demasiado fuertes para ellos, el sida devoró, el cáncer creció y las manos se convirtieron en muñones. ¿Qué fueron de los tiempos de los alucinógenos, el amor libre y otros éxitos del pop? ¿Es posible echar de menos una época que no llegaste a vivir?

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