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Mis cinco canciones favoritas para un viernes por la tarde

In Música, mis cinco principales on 27 marzo 2009 at 6:02 PM

He pillado el mal vicio de hacer listas de cinco, quizá de diez, de cosas que son, y puedan ser importantes, de recordar. En realidad, no lo veo como un “mal vicio”, son de esas expresiones que usan los pesimistas para parecer más interesantes, o para hacer creer a los demás que lo que vayan a leer, escuchar o ver va a ser tan intensivo y deprimente que puedan sacar alguna lección moral sobre las múltiples chorradas que puedan, repito, PUEDAN, leerse, escucharse, verse o siquiera insinuarse en cualquier conversación.

Si algún especialista, da igual de la rama que sea (ciencia, medicina…-creo que ciencia incluye el segundo-, ornitología o urología…), intentara buscar una definición a lo que me atrevo a calificar de nuevo como un mal y reciente hábito, que espere. He considerado adelantarme antes de que le den un nombre ridículo, de esos con los que nos acaban machacando en la ficción televisiva. “El síndrome de Barry”. Es simple y va al meollo del asunto, por llamarlo de alguna manera. Gracias Nick.

Hablo sin parar. Y todo lo que digo me sale más o menos atropellado. Y lo que pienso no pasa de una simple enumeración. Ahora, a todas horas, tengo que pedirme a mi mismo (por manía, quizá para que no olvide nada) recordar listas que nunca he hecho. Primera lista: mis cinco canciones favoritas para un viernes por la tarde. Empiezo por el final.

Número 5. ‘Spanish Bombs’, de The Clash. También me valdría ‘Four Horsemen’, ‘Brand New Cadillac’ o cualquier otro de London Calling.

Número 4. ‘Carry On My Wayward Son’, de los fantásticos Kansas. No han hecho nada llamativo, salvo algún maxisingle de esos (palabras extrañas) y la gran ‘Dust In The Wind’. En fin, son buenos.

Número 3. ‘Tiny Dancer’, Elthon John. No tengo muy claro cómo llegó aquí. Pero suele ser una de mis “inamovibles”. Recomendable escucharla de camino a algo importante.

Número 2. Elvis Costello y su ‘I Can’t Stand Up For Falling Down’. Es mi preferida. Después de ‘She’ claro, por cuestiones evidentes que no interesa recordar.

Y en primer lugar. Me voy a dar el gustazo. ‘I Believe’, de Stevie Wonder. Auch.

Prefiero tomar la salida más fácil de las que se me plantean. No pienso escribir novelas. Tampoco contraportadas de discos.

Al viernes con cine

In Cine y etc on 26 marzo 2009 at 6:27 PM

Ya se ha hecho costumbre lo de preparse un par de noticias para esa pequeña sección de los viernes en la radio…¿Qué radio? Jucal Radio. Con la excusa, un pase especial al programa de mañana…

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Cruce de caminos

In La simplicidad misma on 22 marzo 2009 at 3:55 PM

Y una vez más Kevin Smith demostró que tenía razón…

Holden: ¿Qué estás haciendo?

Banky: Un poco de paciencia, ¿vale? Quiero hacerte un pequeño ejercicio.

(…)

Banky: Muy bien. ¿Ves esto? Esto es un cruce de cuatro caminos, ¿de acuerdo? Y justo en el centro del cruce hay un billete de 100 dólares nuevo y crujiente. Al final de cada una de estas calles hay una persona. ¿Me vas siguiendo, tío?

Holden: Sí.

Banky: Muy bien. Por aquí tenemos a esta lesbiana amiga de los hombres, agradable de trato y políticamente correcta. Aquí abajo tenemos a esta tortillera que odia a muerte a los hombres, está amargada y rabiosa de la ostia. Por aquí tenemos a Santa Claus, y aquí arriba al Conejito de Pascua. Ahora dime: ¿Cuál de ellos va a llegar antes al billete de cien dólares primero?

Holden: ¿Qué se supone que probará esto?

Banky: No, de verdad. Es un ejercicio serio. Es como una pregunta de selectividad. ¿Quién de ellos va a llegar antes al billete de cien dólares? ¿La lesbiana amistosa, la tortillera que odia a los tíos, Santa Claus o el Conejito de Pascua?

Holden: La tortillera que odia a los tíos.

Banky: ¡Bien! ¡¿Por qué?!

Holden: ¡No lo sé!

Banky: ¡Pues porque los otros tres sólo son fruto de tu jodida imaginación!

Suerte que sólo hay cuatro calles.


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Clint

In La imagen de la semana on 19 marzo 2009 at 6:04 PM

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¿Que tendrá Clint Eastwood que hasta en las revistas arrugadas sale arrugado?

San Patricio contra Los Pitufos

In De A a B on 17 marzo 2009 at 7:26 PM

Considerando que “A” es la celebración del día de San Patricio y tomando Los Pitufos como “B”…

Los irlandeses celebran hoy el día de San Patricio. Patricio es el santo patrono de Irlanda. Cayó prisionero a los 16 años por piratas irlandeses. Cerca de un millón de irlandeses emigraron a América en 1845. América es un continente con más de 717 millones de habitantes. A sus habitantes se les conoce como “yankis”. ¿Qué se hace hoy en yankilandia? Vestirse de verde y beber. Beber cerveza. ¿Y de dónde viene la cerveza? De Alemania. Alemania tiene 357.021 km ² y un clima templado húmedo. El capitán de caballería del ejército alemán Maximilian von Stephanitz fue el primero en criar el Deutscher Schäferhund o pastor alemán. Alemania es país de perros y salchichas. Otra raza alemana que mezcla canes y charcutería son los Dachshund, también conocidos como “perros salchicha”. De patas cortas y achatado. ¿Qué tiene Alemania también? Gente bajita. Gente bajita como el astrónomo alemán Friedrich Wilhelm Bessel, o como por ejemplo, Adolf Hitler. Famoso dictador de 172 cm reconocido como el personaje más importante del siglo XX. ¿Qué más gente bajita conocemos? Los pitufos. Los pitufos son seres de ficción animados creados por el dibujante belga Peyo reconocibles por ser de color azul y llevar un gorro.¿Qué más criaturas de ficción con gorro existen? Los leprechaun. ¿Qué son los leprechaun? Duendes irlandeses. ¿Por qué se distinguen? Por ser la imagen oficial del día de San Patricio.

Habría que calcular cuántos grados de separación hay entre San Patricio y Kevin Bacon…

Compleja lógica

Compleja lógica

El arte perdido del tenderete

In 10 minutos: un paseo on 15 marzo 2009 at 7:41 PM

Buscando las horarias de las 2 de la tarde nos topamos, “sin quererlo ni beberlo” y como se suele decir, con la magia y regustillo a sofrito de un céntrico rastrillo.

Rodeado de lugares sacrosantos y de bares con nombres como “Tío Paco” o “El Aragonés” , de los cuales no recuerdo con exactitud ninguno de los nombres de los letreros, y si eran bares o restaurantes, pero puedo asegurar y aseguro que apuntaban maneras a llamarse así.

Un desguace de cosas viejas con olor a nuevo y objetos nuevos con méritos de ser viejo. Si alguien hubiera mirado bien habría encontrado algún candil antidiluviano de esos que colgara Noe mientras llovía a cántaros.

Algunos cedimos a la tentación. Terminamos con prisas, zippos en los bolsillos, conclusiones alocadas sobre el imaginario soviético e insignias “imponibles”.Una pena que no pueda lucirse en una gorra con cortejo alrededor. Hoy, por estupideces como esa, terminas en el suelo. Pero mañana…seré el héroe de Rusia.

Gentes peculiares, roñosos y roñosas, tenderos y ciudadanos perdidos. Todos con algo en común: un insaciable y sano síndrome de Diógenes.

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Del rock, Bob Dylan y mejores tiempos

In Así va el mundo sin café, Música on 12 marzo 2009 at 6:21 PM
Blonde on Blonde sonaba bien en vinilo

Blonde on Blonde sonaba bien en vinilo

Hoy me había planteado ser un prepotente, presumir de gustos musicales cuando intentaba sintonizar una emisora “apropiada” para el viaje hacia la universidad. Soy de esas clase de personas que le ponen banda sonora a los paisajes. Pero una o dos vueltas a la frecuencia media, he sentido más pena que vergüenza. ¿Cómo hemos llegado a escuchar esas cosas? ¿Por qué tanta indiferencia a algo que compuso Jimi Hendrix en tiempos felices?

No hay presunción de inocencia en el conocimiento musical. No se es tanto culpable de olvidar una gran balada o un estupendo éxito del viejo blues, como de acusarlos de ser “carcas”, de otra época, de viejas glorias.

A uno le saltan los puntos cuando oye decir “conozco una o dos”, o “no me llama mucho la atención”, “no es mi estilo”, “no es BAILABLE”. El corazón te da un vuelco.

Intentan desmontar mitos propios, fantasías personales. ¿Qué quieren les diga? ¿Qué odio ver contonearse a las chicas de hoy a ritmos de insultos y bajas rimas? Quizá sea tan viejo. O quizás me parezca más atractivo ver a una mujer moviéndose por la habitación al ritmo de Creedence Clearwater Revival, pensando que nadie la observa mientras tú (con una sonrisa de lado a lado) te apoyas en el marco de la puerta. Puede que no haya nada más perfecto que esa imagen en mi cabeza. Algún mechón albino ya veo. Si se limitara al menos la modernidad a hacer daño sólo a mi ego musical…¿Quieres verme sufrir? Pues ponme un rap.

El techno, el house y demás música de metalurgia barata han contaminado algo tan bueno y clásico como el ambiente de un local. Ahora son jaurías de “niñas” y de malos machos los que se agolpan frente a las puertas, bombardean los bares y pervierten disc jockeys. Sólo en situaciones muy graves sería justificable sobrevivir a base de músicas atronadoras.

Janis Joplin, Led Zeppelin, Cream, The Carpenters, Eagles incluso. Escribían palabras con letra o letras con palabras, pero bastaban. Algo más que el “suma y sigue” moderno.

La música es cura, no sarna. Ha terminado por convertirse en un tratamiento de choque, de electroshock, y como suele suceder en los diagnósticos médicos post terapia, el paciente ha concluido asociando el fenómeno a un estímulo negativo.

El rock lleva muerto 31 años, mes arriba mes abajo. Puede que los viejos rockeros hayan cedido a canas, arrugas y antiguas bandanas, ¡pero siguen siendo rockeros maldita sea! Y sería una lástima olvidarlos.

Pensar que dentro de 20 años uno mirará los viejos números de Rolling Stone, con portadas en las que grupos prometían ser nuevas glorias disimulando estrías tras tanto tiempo. Los que nos quedamos en los 60, 70 o los estrambóticos ochenta, preguntaremos en alto, ¿alguien se acuerda de Bob Dylan? Más allá del mito, más allá de un compositor en horas bajas.

El “sexo, drogas y rock and roll” es un grito mudo. Los mujeriegos murieron por su detestable modo de vida, las drogas empezaron a ser demasiado fuertes para ellos, el sida devoró, el cáncer creció y las manos se convirtieron en muñones. ¿Qué fueron de los tiempos de los alucinógenos, el amor libre y otros éxitos del pop? ¿Es posible echar de menos una época que no llegaste a vivir?

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La broma pesada

In La simplicidad misma on 10 marzo 2009 at 11:11 PM

Hace dos años escuchaba un chiste por primera vez con indiferencia. Mucho después me estremecía al oírlo de nuevo.

Un hombre va al doctor. Dice que está deprimido, dice que la vida le parece cruel. Dice que se siente solo en un mundo amenazador en el que todo es vago e incierto. El doctor dice: “el tratamiento es simple. El gran payaso Pagliacci está en la ciudad. Esta noche vaya a verle… eso le animará.” El hombre estalla en lágrimas… dice: “Pero doctor…yo soy Pagliacci”.

Buen chiste… todos ríen. Redoble de tambores, cortinas.

Al parecer soy un psicópata. ¿Qué ves?

Al parecer soy un psicópata...¿Tú qué ves?

¿En crisis? Necrológica por la prensa

In Crónica de la mañana on 10 marzo 2009 at 10:27 PM

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La crisis llega también a las empresas periodísticas. Las actividades de varios periódicos, entre los que se encuentran la versión digital de ADN y el periódico estadounidense Rocky Mountain News, han cesado en lo que va de año a causa del déficit económico que se experimenta a nivel internacional.

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Glúteos de acero

In Así va el mundo sin café on 10 marzo 2009 at 10:09 AM

"No intente ajustar la imagen..."

"No intente ajustar la imagen..."

No es ciencia ficción. Es el día a día del culto al cuerpo, el día del juicio final. Pero cual John Connor muchos nos negamos a que la raza humana caiga en el exterminio muscular de los aparatos de gimnasia. Y pensar que todo empezó hace casi 20 años con Olivia Newton John y su “Physical”…

Unos esbeltos “señorines” comenzaban a aparecer hace unos años en la pantalla de la tele. Rodeados de bellas y musculosas mujeres nos prometían ser como ellos. Invitaban a hacer gimnasia al compás de una música ratonera mientras nos hacían saltar como cervatillos, procurando sonreír como cretinos y disimular la lámpara de lava que teníamos como estómago.

Después, llegaron los expertos en salud, dietistas y dietéticos. Nos prevenían contra la obesidad. A la leche le quitaron la nata, a los refrescos la cafeína, la margarina la mutaron en “light” y entonces llegó un peligroso anglicismo: el footing. Los resultados saltaron a la vista: se disparó la venta de chándales, los zapatos convencionales fueron sustituidos por olorosas zapatillas de deporte y los cirujanos alargaron sus vacaciones hasta diciembre.

Antes de eso todos gozábamos de una salud excelente: los mozos estaban fuertes como toros, las mujeres daban a luz en sus casas, y las enfermedades de temporada se curaban solas. Y todo sin necesidad de hacer ‘futin’. Los líderes del mundo occidental empezaron a practicar footing, yogging y going. En EE.UU. teníamos al ex presidente Bill Clinton corriendo de lado a lado, y en España, a José María Aznar.

En pocos meses la moda de trotar sin rumbo fijo hizo estragos en el ciudadano medio. Los paisanos empezaron a sufrir síntomas alarmantes de ‘futinitis’ hasta entonces desconocidos. Hubo que comprar el calzado adecuado, unas zapatillas con sensor S1 de velocidad polar que miden ritmo cardíaco y distancia recorrida. “Lo más de lo más. La repanocha”, diría el vendedor a un ingenuo comprador. “¿Repanocha? Espere que saque mi diccionario de expresiones en desuso”.

Desde entonces, día tras día, vemos a estos nuevos corredores, estos marathon man, enfundados en vergonzosos pantalones de licra que harían enrojecer al mismísimo Hombre Araña. Pasan por nuestro lado con aire de superioridad, triunfantes, como si hubieran adelantado al atleta más curtido. En ese momento un pensamiento mefistofélico se cruza por tu cabeza: “Le lanzaría una lata a la cabeza si tuviera una a mano”.

Los hombres lucen pantalones sport que rondan una gama tan masculina como el morado y el azul marino, pasando por el olvidado añil y, ocasionalmente, el negro. Sus muslos logran un cierto aspecto anfibio, como si llevaran dos relucientes bebés morsa colgando de la entrepierna. Por suerte, las mujeres cuentan con la ventaja de no parecer demasiado ridículas al caminar con ellos. Hasta la ropa de deporte les favorece.

Camisetas sin manga, un perfecto óvalo de sudor, zapatillas con cámara de aire, muñequeras, cronómetros, ‘emepetreses’, además de una incesante tendencia a controlar su pulso mientras miran con asombro el reloj, los hacen personajes inconfundibles de la fauna urbana. Desde luego el espectáculo es grotesco, pero también aleccionador.

El culto al cuerpo, que siempre ha sido señal de paganismo y blasfemia contra la “bela tripa”, termina inevitablemente en la depresión. Cuidarse se ha convertido en un deber cristiano, pero con la neurosis añadida de no conseguir nunca el cuerpo perfecto.

Sobre el ‘chandalismo’ y la hipocondría de estar delgado no hay nada escrito. Los flacos quieren estarlo aún más y los rellenitos no deberíamos embutirnos en esos ajustados atuendos. Aún así, lo hacemos.

El mundo es un lugar extraño, y que haya decenas de personas recorriéndolo a las siete de la mañana, para perder unos cuantos kilos, lo hace más excéntrico todavía.